¿Dónde reside el éxito del equipo? (2ª parte)

Jose Luis Matarranz
Jose Luis Matarranz

No creo que no hayan sido ni los genes, ni el carácter ni la idiosincrasia del español en general, tan injusto es generalizar como renunciar a unos rasgos más o menos comunes que al español, mediterráneo o latino en general le puede hacer diferente de los escandinavos o de los chinos, sin que ello, por favor, sea entendido de forma racista, nada más lejos de mi intención. Lo que sí creo y es la razón del éxito, es que en la selección española de fútbol se han suscitado los diferentes factores de éxito que se deben dar en cualquier grupo, y que como antes se dieron en el baloncesto, ahora se dan en el fútbol.

Estos factores, a mi entender y desde mi punto de vista en el cual se prima mucho el resultado del equipo, siempre que nos  referimos a las ventas y a la capacidad comercial del grupo, son los siguientes:

•    El talento individual.
•    La gestión inteligente y motivadora del grupo.
•    La voluntad y el reto de lograr un objetivo.
•    La autoestima colectiva como patrón de conducta.
•    El trabajo y la mejora continua (humildad).
•    La asimilación del seguimiento por parte de los demás.

Estas seis características creo que confluyen esta vez en nuestro combinado nacional de fútbol y que coinciden con las exigencias que yo mismo, creo que me impongo, cuando trato de gestionar un buen equipo comercial o de alto rendimiento. En primer lugar la necesidad de disponer de las personas con mejores capacidades y mayores talentos. Aunque las aptitudes siempre podrán ser adquiridas y entrenadas no hay ni que despreciar ni no considerar que existe un talento innato, adherido a cada cual y que consigna a los mejores como los más capacitados para realizar aquella tarea o misión a la que están enfocados. No creer en el talento o en las posibilidades geniales de las personas es despreciar la primera condición para construir un equipo ganador. Sin duda, en cualquiera de estos equipos para conseguir el objetivo más exigente hay que reunir a los mejores, o a los más capacitados.

Pero ese talento debe estar convenientemente gestionado y orientado. ¿Cuántos seres excepcionales no alcanzan la relevancia que sus condiciones y sus aptitudes delatarían? Este encauzamiento del talento en beneficio del grupo resulta imprescindible para trabajar y perseguir el objetivo; un trabajo que debe estar basado en el refuerzo de ideas como que el interés del equipo o grupo sobrepasa al interés individual, donde el resultado colectivo es la mejor demostración de las aptitudes individuales que cada uno pone a beneficio del colectivo y donde los conflictos, ambiciones y otros sentimientos individuales no tienen cabida.  Ese mérito y esa misión es de quien planifica, dirige y toma las decisiones que tienen que ver con el orden y la operatividad del grupo. No puede ser de otra forma: directivos o entrenadores en el caso del fútbol, son los depositarios de esa guía. Sin el papel fundamental por parte de estos, y sin una gestión adecuada, no será  posible alcanzar tampoco los objetivos.

Es esta gestión la que se tiene que ver refrendada en el ánimo transitorio del grupo por conseguir el objetivo. Es imprescindible disponer de un convencimiento y de una identidad unitaria en el objetivo. El dicho de “querer es poder” (we can)…se vuelve en la frase que mejor describe la voluntad y la victoria. Solo se consigue lo que se quiere y se desea, lo que se obtiene sin ese sentimiento es algo que se encuentra en el camino y que nunca formará parte de nuestro bagaje por eso hay que identificar el objetivo y desearlo, perseguirlo y trabajar por él (aspecto éste del cual hablaremos a continuación).

Se hace imprescindible en la gestión de los equipos de alto rendimiento la necesaria puesta en funcionamiento de la autoestima como patrón de conducta positivo hacia los demás. Esta conducta nos llevará a vernos siempre capaces de conseguir nuestra meta, siempre con la humildad que el trabajo constante requiere, y del todo compatible con ésta. La autoestima huye del derrotismo y de la crítica y el reproche gratuito. Debemos siempre reforzar aquellas conductas que eviten crear todo lo que pueda ser motivo de conflicto.

Y por último, esta autoestima nunca debe estar contrapuesta con el espíritu de humildad y sacrificio que debe residir en quienes integran el equipo. Humildad y sacrificio dos palabras que tienen una connotación teológica grande deben ser entendidas como actitudes positivas y constructivas. Sólo de estas se pueden llevar a cabo políticas y estrategias de mejora continua y de rendimiento; la humildad asociada a la firme voluntad de continuar aprendiendo y al convencimiento de que difícilmente sabremos ni podremos hacer todo perfectamente: reconocer los errores propios, autocrítica y reconocimiento de la necesidad de mejorar cada día, y todo ello con el espíritu y la voluntad de sacrificio que requiere el trabajo de cada día.

Todo lo anterior unido a lo último, el trabajo, es lo que hará posible que el equipo pueda lograr dichos objetivos. Las tareas arduas requieren de todos éstos condicionantes y alguno más,

Y resumo este compendio de camino hacia el éxito que nuestros equipos, nuestra selección de fútbol tiene ante sí, con unas palabras mucho más sabias (y santas) que las mías, que en su día el Santo Jesuita  dijera “Actúa como si todo dependiera de ti, vive como si todo dependiera de Dios” (San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús)

PD: No quiero dejar de señalar en este artículo la importancia que tienen los líderes ocultos en los grupos, que no siempre tienen que ser los que llevan el protagonismo o cargan con el peso de la actividad. Fijémonos en el combinado español en dos referencias permanentes que el grupo reconoce: Pepe Reina y Carlos Marchena, dos jugadores (el primero portero suplente y que apenas tiene minutos de juego) y a los que todos sus compañeros se refieren permanentemente. Es vital que en todos nuestros equipos aparezcan las figuras de los Pepes Reina, integrantes del equipo, sin el protagonismo de otros pero capaz de crear buen ambiente y hacer que sus compañeros llamados a responsabilidades mayores se sientan respaldados.

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Jose Luis
Profesor Isead

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