El contagio emocional

Carlos J. Pérez Fajardo
Carlos J. Pérez Fajardo

En los entes humanos primitivos muy probablemente la amígdala actuaba como un radar para el cerebro, manteniéndole en un continuo estado de alerta o de atención de los posibles riesgos y peligros potenciales del entorno de esa era, siendo este sistema de circuitos cerebrales válidos para esa época. El estado de alerta intensificado por la amígdala genera fuertes emociones y sentimientos facilitando el contagio emocional. El contagio emocional se puede observar en los mamíferos (monos, perros, gatos, etc.), e incluso lo he observado en algunos pájaros.

Según investigaciones realizadas por neurocientíficos, descubrieron que el ser humano de nuestro tiempo tiene dos rutas diferentes para tomar información externa, una de ellas toma información directa desde el tálamo a la amígdala, la que procesa y traduce el significado emocional de los mensajes corporales (alteración de voz, tonos, expresiones faciales, corporales etc.), mucho antes de que llegue por la otra ruta al sistema nervioso que procesa metódicamente, paso a paso y piensa o analiza lo que está sucediendo. El contagio emocional toma la ruta más rápida, con relación a la otra que conduce a la corteza pre-frontal del cerebro, por lo cual no se piensa y hace que se tomen decisiones instantáneas, que un poco más tarde o después se puede lamentar o tener que justificar, deteriorando la integridad personal. La diferencia de tiempo entre una ruta y la otra es la clave del éxito de la persona o individuo en lo social y empresarial (en otro escrito se ampliará sobre este tema, asociado con el éxito personal y/o empresarial, adicional se comentará sobre una tercera ruta para la toma de información de los sistemas cerebrales, inferida por el autor).

Cuando por alguna razón (un mal entendido, inadecuada comunicación, enojo, ira, resentimiento, sesgo, etc.) alguien explota y lanza sus emociones y sentimientos tóxicos en contra de una persona o de uno mismo, frecuentemente como por arte de magia se activa un sistema que responde con las mismas emociones desagradables o toxicas. En otras palabras se puede decir que a una acción de emociones negativas lanzadas en contra de una persona con la que se está interactuando, ésta reacciona con las mismas, generando un choque emocional negativo para las relaciones e incluso podría desencadenar en hechos de violencia física entre las personas o individuos involucrados, deteriorando de facto la relación social o comercial.

Más allá de los resultados del choque emocional negativo, este tiene efectos en el estado anímico y físico de las personas aun después del referido encuentro, como un remanente o saldo emocional negativo que permanece por algún tiempo y a veces cuando se recuerda el hecho, se activan en alguna medida las emociones tóxicas, afectando nuevamente nuestra biología y psiquis. Así también el contagio emocional puede ser positivo cuando se da una transacción o relación nutritiva o constructiva entre las personas, generando emociones y sentimientos positivos compartidos que generan la afinidad o química interpersonal. Al final de un día por ejemplo, este puede haber sido bueno o malo en función de los intercambios o transacciones emocionales realizadas, resultando un balance emocional neto positivo o negativo según el tipo de contagios emocionales durante el transcurso del día.

Las emociones y/o sentimientos se trasmiten fácilmente de una persona a otra de distintas y casi infinitas maneras, y para neutralizar la trasmisión de las emociones toxicas, es necesario desarrollar algunas habilidades o talento para cambiar el estado anímico de la otra persona o de los demás y a la vez el propio,(en otro escrito vinculante se comentará acerca de algunas técnicas para tratar de influir en el ánimo de la otra persona y/o el propio).

Una emoción puede pasar de un individuo o persona a otra, sin que ninguna se dé cuenta o percate de ella (una persona especialmente sensible es más fácil de contagiarse que otra), como algo inconsciente, el sistema de los circuitos que controlan la ruta, la que llamare “Vía Cerebral Inconsciente Emotiva” (VICIE), funciona y actúa por debajo de la conciencia y como una carretera de alta velocidad, en la cual se viaja en piloto automático y sin hacer ningún esfuerzo, a través de la amígdala y nódulos neurotransmisores similares. La Vía Cerebral Consciente Racional (la que denominare VICOR) funciona y actúa con control a voluntad, requiere del esfuerzo de pensar (el trabajo más duro y complejo que existe) y de tomar o tener consciencia, lo que requiere de más tiempo para la toma de decisiones.

Ambas vías o circuitos cerebrales no tienen fronteras y trabajan o actúan paralelamente, mezclando o compatibilizando las funciones automáticas y controladas en diversas proporciones. Aunque cuando el nivel de ansiedad de la persona (alta segregación de los niveles de cortisol y norepinefrina) es muy intenso, la amígdala toma el mando o control de las áreas pre-frontales las cuales pierden la capacidad de detener los impulsos no controlados de la misma.

Todo lo que se puede mostrar en una pantalla y figuras (cine, TV, videos, presentaciones, fotografías, etc.), transmite emociones al espectador debido a que el cerebro responde con los mismos circuitos que emplea cuando se da o existe contacto emocional con otra persona.

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Escrito por Carlos José Pérez Fajardo

Antiguo Alumno de ISEAD

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