El Equilibrio financiero y El Equilibrio presupuestario

Mientras pasan los días, pasan las semanas y mes a mes, los medios de comunicación y las noticias económicas siguen hablándonos de la deuda, el diferencial con el bono alemán y la crisis griega, yo quisiera dejarte hoy una idea mucho más cercana, probablemente, a tu realidad. En este blog para emprendedores y empresarios, como tu y como yo, de aquí, de andar por casa, para aquellos que se baten diariamente con su negocio, con sus clientes y sus proveedores, les escribo hoy con una doble intención. La primera es para apuntar que soy de los que piensa que lo que pase en Atenas, en China o Estados Unidos, no tiene porque condicionar totalmente lo que le pase a un empresario de Almagro o de Alcázar de San Juan; y la segunda idea es, que el éxito y el fracaso de un negocio depende más de lo que hagan sus mentores y ejecutivos que de aquello que pueda estar ocurriendo a más de dos o tres mil kilómetros. Por ello digo, no nos fijemos más de lo imprescindible en lo que ocurre más allá de nuestros mercados o ámbitos de actuación, y gestionemos bien nuestro entorno y en función mayormente de él sin engañarnos que nuestros fracasos son culpa de tormentas lejanas. No digo que no lo tengamos en cuenta, sino que sencillamente pongamos más atención en lo que está cerca, antes que desvanecernos en lo de más allá. Todo influye pero en su justa medida.

Mi quinto consejo para salir de la crisis, y que tiene ver con lo apuntado más arriba, tiene sin embargo que ver con la deuda y el déficit, pero con el que uno maneja y es responsable, algo que igualmente también tendríamos que exigir a quienes nos gobiernan o dirigen las empresas más importantes. El equilibrio financiero o presupuestario, la compensación de los ingresos y los gastos es y debe ser siempre el primer mandamiento que cualquier directivo, ejecutivo o empresario debe tener presente: solo ese rigor nos puede asegurar la sostenibilidad de un negocio.

El endeudamiento como fuente de fondos solo debería ser destinado a la inversión y no al gasto; si es verdad que la falta de liquidez y el decalaje que hay entre pagos y cobros nos puede llevar a la petición de un crédito o de una póliza que nos permita afrontar estas situaciones de tensión financiera, pero en ningún caso la petición de dinero debe servir para cubrir gastos previos generados y que no han obtenido el retorno deseado. Ante esa situación mejor plegar la vela y buscar la reducción de costes o nuevos negocios o nuevas oportunidades, antes que pensar que el endeudamiento servirá para corregir las desviaciones de los ingresos o de los gastos. El endeudamiento perenne y permanente para atender gastos corrientes derivará, sencillamente, siempre en un estancamiento y en la pérdida de potencial para crecer, y en negocios, quien no crece, al final mengua y nada mejor para menguar que vivir siempre pendiente del pago de unos intereses y una capital que paga aquello que nada ha producido. Al final, la deuda, solo generará más deuda.

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Escrito por José Luis Matarranz. Profesor de ISEAD Business School

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