La teoría de los aros o círculos concéntricos

Seguimos en periodo post-olímpico, y perduran en nuestras retinas las imágenes de los cinco aros olímpicos: el rojo, el amarillo, el negro, el azul y el verde; uno por cada continente, uno por cada raza. Pero no precisamente voy a seguir en estas breves reflexiones de verano, en el blog de nuestra Escuela, hablando de Olimpismo, sino quiero escribir en esta ocasión sobre una de las ideas que más he repetido en estos últimos meses como consecuencia de la crisis que de una manera general nos afecta a todos, en mayor o en menor medida, y que cuando uno busca remedios y soluciones, mira afuera, al mundo (o Internet, llegado el caso) esperando que por ahí vengan las soluciones, y precisamente, presiento que es todo lo contrario, que la solución o el blindaje ante las circunstancias no hay que buscarlo fuera sino dentro de nosotros y proyectarlo hacia fuera; dicho de otra manera, y si se me permite la falta de modestia, es mi teoría de los círculos (o aros, por aquello de nuestras recientes vivencias olímpicos) concéntricos.

En estos últimos meses he escuchado y también leído a muchos empresarios, directivos y en general a un gran número de personas “culpar” de la situación a gobiernos, banqueros y “hombres poderosos”, que probablemente sí tengan mucha culpa de lo que está pasando, sobre todo por no ser capaces de encontrar el remedio y a los que juzgar con extraordinaria severidad me parece exagerado, primero: porque dudo que la intención hubiese sido la que está resultando y segundo; porque creo que antes de echar la culpa a otros debemos mirarnos hacia nosotros mismos y reflexionar sobre si todas las cosas que teníamos que haber hecho, las habremos hecho bien. Y es de aquí de donde parte nuestra teoría o propuesta de los “círculos o aros concéntricos” que todos tenemos.

Nuestro primer círculo, es el de nosotros mismos, y es el primero que te recomiendo gestiones bien y procures su orden. Es imprescindible que antes de culpar a otros, nos miremos a nosotros mismos y nos sintamos en equilibrio y con las fuerzas necesarias para afrontar el día a día: empezar cada mañana con una buena dosis de confianza, autoestima y felicidad es la mejor energía para poner cualquier proyecto en marcha.

Nuestro segundo círculo es nuestro núcleo y entorno familiar, conseguir que en él todo marche con relativa fluidez, que los objetivos y los recursos están claros y que todos en la familia arrimemos el hombro cuando toca y compartamos lo que haya sin mirar quien es quien, es fundamental para seguir en la buena senda. Tengamos siempre presente que una familia es también como una pequeña empresa, donde la buena gestión y las decisiones maduras y conscientes son necesarias, nunca sin ir más allá de lo realmente irrealizable.

Y llegamos a nuestro tercer círculo, un círculo ya algo más alejado pero que sigue siendo parte de nuestro entorno más cercano y es el de nuestras empresas y negocios. Es obvio y evidente decir que en este círculo están depositadas gran parte de nuestras esperanzas y aspiraciones; la realización profesional es tan importante como el hecho afectivo o familiar en muchos casos, y por lo tanto es fundamental para nuestras vidas y en la propia inmediatez, lo que nos garantiza nuestra sostenibilidad y bienestar. Pero hay dos cosas muy importantes, también en este punto: la primera es que no se puede pretender que este círculo arregle aquello que pueda estar dañado de los círculos anteriores, y no pretendamos tener un círculo laboral idóneo y perfecto sin tener los otros dos círculos perfectamente equilibrados. A partir de aquí, sencillamente, gestionemos y hagamos las cosas lo mejor que podamos, tengamos o no responsabilidad ejecutiva en dichas empresas. En el caso que las tengamos, apliquemos parecidos criterios a los ya expuestos para la gestión del segundo círculo: sensatez y realismo a la hora de decidir y sobre todo nunca ir más allá de las posibilidades reales que nuestras empresas tengan, y en el caso de no tener dichas responsabilidad, ser solidario con quien representa una gran parte de nosotros, y por otra parte tener siempre la habilidad y valentía suficiente como para afrontar momentos difíciles y cambiar el rumbo si es necesario: una empresa o un trabajo nunca ha de verse como algo definitivo, nuestra fidelidad a ella sí que debe ser finita.

El cuarto círculo se lo vamos a dejar a nuestro entorno social y político más cercanos: nuestra ciudad, nuestra comunidad o nuestra nación, cualquiera de ellos nos puede valer y desde luego que sí tiene impacto en nuestras vidas la situación por la que pase nuestro país, y sobre todo su situación económica y social. Desde luego que sí, y por ello también nos debemos a nuestros países y a nuestros entornos administrativos, de la misma forma que él se nos debe a nosotros; y en la medida que seamos ciudadanos responsables, solidarios y con espíritu de pertenencia, sin despreciar las singularidades de los demás, y siempre sumando esfuerzos, estaremos en camino por conseguir países más justos y más solidarios; de eso no me cabe duda.

Y por último, el quinto círculo concéntrico, el círculo al que pertenecemos todos y que desde luego a todos nos afecta e influye, no de forma definitiva afirmo, pero sí en nuestra percepción y en la preocupación por lo ocurra o pueda llevar consigo. Simplemente apunto, ¿quién no recuerda dónde estaba o qué estaba haciendo el 11 de septiembre de 2001? Una fecha que habrá quedado inscrita en los anales de la historia, que significa un cambio radical en la forma de ver las relaciones y los conflictos internacionales, y que desde luego se tradujo en hechos que han influido en la marcha de la economía mundial. Sin embargo, seamos realistas ¿es justo echar la culpa de todo a Obama o la sra. Merkel? Pienso que no, y antes de señalarles, algo que por otra parte, ni a ellos mismos les importe, te recomiendo que previamente revises si en tu empresa o negocio las cosas se están haciendo todo lo bien que se debieran hacer; si en tu casa las cosas marchan relativamente bien, y sobre todo, si cada día que empieza, lo haces con el optimismo que debieras, y dando gracias por ello, porque ante todo, el hoy es lo que existe, y el mañana no lo sabemos.

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Escrito por José Luis Matarranz, Profesor de ISEAD

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