La innovación no es un estado, es un proceso

¿Cuántos de ustedes han escuchado aquello de “ésa es una empresa muy innovadora”? ¿Cuántos han dicho (hemos dicho) que “ese producto o servicio es realmente innovador”? El 90%, y me quedo corto. Estamos acostumbrados a aplicar el adjetivo “innovador” a organizaciones u objetos cuando suponen un cambio respecto a lo que hacen otras organizaciones u objetos (productos). Daría para otro artículo el analizar si estamos aplicando semánticamente bien el concepto de Innovación, es decir, si le estamos dotando del contenido adecuado, porque a veces se definen como innovadoras algunas organizaciones que, digámoslo suavemente, no lo son. Y lo mismo ocurre con los productos y servicios.
Pero dicho esto, creo que uno de los principales problemas que genera esa identificación sustancial entre el adjetivo “innovador” y una organización, por ejemplo, es que nos olvidamos del carácter activo de la innovación. Uno no es innovador, uno hace innovación, y en cuanto que hace innovación es innovador. No es lo mismo.

Cuando hablamos de innovación lo hacemos de procesos, de acciones, enfoques, resultados… Hablamos de proactividad, de iniciativa respecto a la competencia y al mercado. Cuando denominamos que una empresa es innovadora hablamos de empresas que innovan, que “hacen innovación”. Es cierto que hay empresas con unas mejores condiciones que otras para la innovación, con mejores estructuras, con mejores conexiones internas y externas (redes), con una mejor gestión de la información… pero no podemos hablar de empresa innovadora hasta que no actúa. Mientras, como mucho, podemos hablar de empresa con unas condiciones excelentes para la innovación.

Es más, el hecho de haber innovado una vez no quiere decir que puedas poner en tu empresa un sello que certifique que eres una empresa innovadora, lo mismo que el hecho de poseer en un momento dado eso tan etéreo que llaman calidad no quiere decir que lo vayas a poseer siempre. Desarrollar un proyecto de innovación puede ser, en ocasiones, casi por casualidad, y aunque no lo sea no supone el nacimiento de un estado permanente. Naturalmente hay empresas más preparadas que otras para la innovación pero no quiere ello decir que “sean empresas innovadoras”, sino que están en mejor disposición que otras para desarrollar proyectos de innovación.

Hemos de tener claro que la innovación es, además de muchas otras cosas:

  • Acción. Porque implica que la organización ha de actuar, ha de moverse para poner en marcha la innovación. No hay innovación en la quietud.
  • Cambio. Porque esa acción no es para permanecer, sino para moverse, para modificar algo, para generar un cambio más o menos abrupto en la organización o en la forma de conseguir sus objetivos.
  • Inestabilidad. Porque la innovación supone que se mueva nuestro suelo, que nuestras referencias, y las de la organización, se modifiquen de alguna manera produciendo la necesidad de nuevas lecturas del entorno.
  • Incertidumbre. Porque hasta que no hemos sido capaces de asimilar ese nuevo entorno hay cierta ceguera en nuestras acciones, porque no sabemos cómo va a funcionar un producto, si el nuevo modelo de gestión va a dar resultado o si el modelo de negocio es el correcto.

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Escrito por Juan Sobejano

Leer completo en sintetia.com

http://www.sintetia.com/la-innovacion-no-es-un-estado-es-un-proceso/

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