Líderes: desarrolladores, educadores y entrenadores

urcelayEscrito por Jaime Urcelay, Profesor de ISEAD

Mucho se ha investigado, escrito y debatido sobre los atributos del liderazgo o, si se prefiere, sobre el perfil de competencias del verdadero líder.

Está claro que las áreas de competencias del líder son amplias y diversas; son ciertamente una especie de gran puzzle. Pero de entre todas las piezas me parece que hay una que es clave y de extraordinario valor añadido: la que tiene que ver con su capacidad para desarrollar, educar y entrenar a aquellos a los que lidera. El líder es, en esencia, un educador.

Para ser líder no basta inspirar, orientar de acuerdo con una visión, fijar y compartir metas y objetivos, tomar decisiones, movilizar y generar compromiso, influir o motivar. El esfuerzo del líder debe estar dirigido a dotar a la gente del carácter, los conocimientos y las destrezas necesarios para que sean ellos quienes definan las metas, tomen decisiones y desplieguen por sí mismos los esfuerzos necesarios para conseguir aquellas. Afortunadamente, los nuevos contextos en que las organizaciones se ven obligadas a desenvolverse están poniendo cada vez más de manifiesto que este planteamiento y este rol del liderazgo son ineludibles a todos los niveles, incluido el de los sufridos y sobrecargados mandos intermedios…

Un ejemplar jesuita (¡con ellos tuve la suerte de educarme!), el P. Tomás Morales, escribió que educar es completar hombres haciéndolos guías y dueños de sí mismos. (…) Un objetivo debe perseguir la educación: desplegar todas las energías latentes en la persona. Por eso el líder sabe encontrar el inmenso potencial que todos llevamos dentro y encuentra la manera de desplegarlo. El CEO de Intuit, Brad Smith, lo definía muy bien: La labor del lider no es darle grandeza a la gente, sino reconocer que ya existe y crear el ambiente en el que esa grandeza puede emeger y crecer.

Y mi maestro Santiago Álvarez de Mon escribe: Dirigir no puede ser otra cosa que liberar talento humano al servicio de una causa noble.

De este modo el líder no suplanta la libertad y la responsabilidad de los otros. Más bien vivifica y despliega, porque todos tenemos de alguna manera la necesidad de despertadores a nuestro lado para ejercer en plenitud nuestra libertad y responsabilidad al servicio de las cosas que merecen la pena, dando así significado y sentido a lo que hacemos.

¿Cómo puede un líder ejercer esta misión, verdaderamente vital, de educador o desarrollador? Lanzo algunos criterios que me parecen fundamentales:

1. Ejemplo.- Antes de nada, el líder lidera siendo un modelo, en el sentido más sencillo y menos solemne de la palabra. La calidad moral del líder se transmite a los colaboradores. O como afirma Dave Ulrich, se lidera al irradiar carácter, integridad personal. El líder ha de ir siempre por delante. En algún sitio leí una vez esta certera frase atribuida a Einstein: Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera.

Sólo el ejemplo genera la confianza necesaria para conseguir resultados en el desarrollo de personas y equipos. Y sabido es que la confianza tienes tres condiciones indispensables: competencia, integridad personal y generosidad o desinterés.

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Escrito por Jaime Urcelay, Profesor de ISEAD

Leer completo en jaimeurcelay.me

http://jaimeurcelay.me/2015/04/23/jaime-urcelay-16/

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