Viaje hacia la motivación

Hoy es el día. Vas a emprender el viaje. Sabes que hasta hoy, es el viaje más importante que has realizado. Te has cansado de seguir durante toda tu vida, lo que dictaban para ti los demás. “Tienes que.. Deberías hacer… Eso no lo hagas, eso será imposible…”.

¿Y a dónde te ha llevado? A sentir que esa no era la vida que querías. Que los demás habían elegido por ti, que era hora que eligieras tú la vida que siempre has soñado.
Y has elegido lo que quieres, emprender el viaje hacia tu visión.

La gente al saber tu intención de partir, intenta disuadirte, te recomiendan que te quedes en casa, que estás mejor. Tienen miedo que te pase algo, te dicen que te enfrentarás a olas gigantescas, a los dioses del mar, a pulpos enormes.. Todo para que no hagas algo, que a ellos les gustaría estar en tu lugar.

Pero tu vida ha sido hasta ahora pura rutina, y en la rutina, no se crece. El éxito sabes que está fuera de lo que alcanza tu vista, fuera del puerto en el que te encuentras. No solamente lo sabes, sino que desde hace tiempo te acompaña, el loro “Motivación”. Te lo encontraste paseando tu tristeza por la playa, y desde ese día sólo ha hecho más que alentarte a que te superes, ha restablecido la comunicación que tenías dañada con tu corazón, ha aumentado la confianza en ti mismo. Sólo puedes darle las gracias. Sigue leyendo

¡Reinventarse! En diez claves

Las grandes organizaciones cuentan con tremendas capacidades para transformar su entorno y ejercer el liderazgo que poco a poco se han ido ganando en el mercado. Pero, al mismo tiempo, también están sentadas sobre “barriles de pólvora” difíciles de controlar. El modo en el que nos organizamos influye de forma directa, e “indolora”, en nuestras posibilidades de futuro como personas, y por extensión, en las de nuestras empresas.

Por ello, es preciso reinventarse de forma continua, es preciso hacerse preguntas, es preciso abrirse y es preciso trabajar de forma incansable, todos los días, para crear empresas y actitudes más “humanas”, más permeables al nuevo conocimiento. En definitiva, es preciso crear ejércitos de personas motivadas dispuestas a enfrentarse a cualquier cosa para crear algo que “cambie el mundo” o, al menos, “nuestro mundo”. Sigue leyendo

Interpretar la realidad para innovar

Hace un par de años el filósofo español Santiago Zabala decía en una entrevista que “la verdad no es el resultado de determinadas descripciones, sino una consecuencia de interpretaciones productivas pero siempre incompletas”. Zabala es lo que se llama un filósofo hermenéutico, un filósofo centrado en el conocimiento del ser desde la interpretación subjetiva del mismo, buscando la objetividad, vamos, una paradoja. Esta aparente contradicción encierra, sin embargo, una importante carga de progreso en su esencia, pues supone la aparición de modelos distintos de comprender el mundo, a veces contrarios, pero racionalmente construidos y que favorecen la aparición de teorías innovadoras y potencialmente disruptivas.

El ser humano interpreta el mundo y la realidad desde su propia perspectiva. Parte para esa interpretación de unos conocimientos adquiridos y de una personalidad heredada. Recordemos la famosa sentencia de Ortega y Gasset, “yo soy yo y mis circunstancias”. Sigue leyendo

Gestión de la incertidumbre

¿Saben qué pasará mañana? ¿Y la semana que viene? ¿Y el mes que viene? ¿Saben qué va a pasar el año próximo? ¿Y eso les angustia, les excita o les motiva? Seamos honestos, la incertidumbre es interesante si la podemos mantener en un entorno controlado. Una película necesita incertidumbre, un libro de narrativa también, pero estos son ejemplos de espacios acotados y que sabemos que tienen un principio y un final. Son entornos donde la incertidumbre tiene un papel, pero donde asumimos la certidumbre del final cierto.

¿Y fuera de esos entornos? ¿Nos interesa la incertidumbre? Bueno, según y cómo. Dice Zygmunt Bauman en una entrevista en La Vanguardia que “la única certeza es la incertidumbre”. Aparte del juego de palabras al que son muy aficionados muchos escritores y pensadores, es cierto que la experiencia nos demuestra que hacer previsiones esperando que se cumplan al 100% es un error y una pérdida de tiempo. Socialmente estamos viendo cómo años de estabilidad (aparentemente no demasiado sólida pero estabilidad desde el punto de vista psicológico) está rompiéndose en un espacio de tiempo muy corto. Esto crea inestabilidades, miedos e inseguridades que afectan al mercado. La incertidumbre de no saber cómo y cuándo va a acabar esta crisis afecta al mercado, que se paraliza y se vuelve inestable.

En realidad el ser humano busca la certidumbre, trata de proyectar su vida al futuro para saber qué es lo que éste le depara y no tener sorpresas. El ser humano trata de gestionar su vida desde lo conocido. La certidumbre, en estos casos supone un colchón que mitiga la inestabilidad del cambio no querido o esperado. La sorpresa se ve como un hecho desagradable si no trae consigo un significado que implique control: podemos asumir la sorpresa de un cumpleaños, incluso la sorpresa de un ascenso, pero no la de un despido porque éste implica un cambio de esquemas y una pérdida de control del entorno en el que vivía. Sigue leyendo

¿El emprendedor nace o se hace?

De un tiempo a esta parte, tras explotar la crisis económica y, en especial, una vez ha implosionado colectivamente nuestro estado de ánimo, instalándose la recesión en el inconsciente como un colateral inherente al estado de las cosas, como algo totalmente inevitable, la desesperación ha dado paso a la resignación y juntas han ido calando en la sociedad de forma lenta, como una fría lluvia de invierno.

Durante este peligroso proceso, curiosamente, venimos asistiendo a un sobrecalentamiento del término “emprendedor”, en gran medida instado desde las administraciones públicas. En términos económicos, “emprendedor” muestra un alto índice de inflación, debido en parte al exceso de demanda y a la baja calidad con que se muestra la oferta. Existe una importante necesidad de creación de nuevas empresas, pero no todos los que se dan en llamar emprendedores se encuentran realmente preparados para lograrlo con unas mínimas garantías de éxito.

No hago referencia a la formación explícita o al apoyo institucional. No incido en la virtud de un sistema normativo de carácter nacional que simplifique a nivel administrativo la creación de empresas o que incentive fiscalmente la inversión de los business angels. Trato de significar algo incluso anterior, me refiero a la semilla que hace posible la existencia del proyecto empresarial y su desarrollo virtuoso, cuando más tarde es cultivado (aceleradoras) y regado (capital riesgo) en un suelo suficientemente abonado (formación en management y capacitación en el ámbito de dominio técnico del propio emprendedor).

La palabra emprendedor ha sido tan utilizada que ha terminado por perder su verdadero significado. Sigue leyendo

Los 3 principios del marketing de Apple

Aún no la he acabado pero ya estoy en condiciones de recomendarla; se trata de la biografía de Steve Jobs. Está repleta de pequeños detalles y explica con detenimiento situaciones y contextos que enriquecen de forma extraordinaria el proceso de toma de ciertas decisiones empresariales. La biografía será sin duda inspiración para numerosas reflexiones sobre tecnología, innovación, marketing o la concepción de los modelos de negocio.

Hoy quiero compartir con los lectores de Sintetia un pasaje que me ha gustado especialmente. La situación, dos emprendedores en el garaje de una pequeña casa en Silicon Valey. Mitad de los 70s. Un Steve Jobs con una personalidad muy peculiar -profundamente espiritual, obsesionado por el diseño y la utilidad de lo que quiere crear-. Su compañero de viaje es un ingeniero muy introvertido y técnicamente brillante, el cual llega incluso a menospreciar la importancia del diseño, de la estética y de las sensaciones que pueda transmitir lo que está creando. Ésta es la figura de Steve Wozniak.

En un momento determinado tienen algo entre manos que parece que funciona. Jobs tira de colaboradores -normalmente gente creativa y un tanto freak que trabaja por su cuenta- para exigirles que plasmen su visión de lo que quiere conseguir: mayores prestaciones y una mayor diferenciación de calidad -en las carcasas, en la duración de la batería, en el software, etc.-.

Pero, en un momento dado, las necesidades financieras empiezan a suponer un obstáculo. Necesitaban más financiación para lograr lo que Jobs quería crear: era el momento de intentar persuadir a ciertos inversores. Es interesante ver cómo esa faceta de “convencer”, no sólo a inversores sino a toda persona que podía aportar algo de valor en su proyecto, era una característica distintiva de Jobs. Ello muestra una cosa sumamente importante: la suma de la pasión y la comunicación son tremendamente importantes para emprender, y si a ello le añades la capacidad de ejecución, el resultado puede ser realmente explosivo. Sigue leyendo

“Lo que no se puede medir, no se puede gestionar”

¿Cuántas veces hemos leído esta frase? Parece un axioma, algo evidente en sí mismo, que no se puede cuestionar. Sin embargo, ese es el propósito de este post.

Quienes trabajan en la empresa privada están acostumbrados a que la jornada diaria esté rodeada de indicadores, KPIs, índices, ratios,… A que, cuando los resultados no acompañan, al menos se intente “medir el desempeño”. A que, cuando los beneficios se esfuman, la reacción de la dirección sea apretar los nudillos con fuerza en las riendas aunque para al menos tener una pequeña sensación de seguridad.

¿Es verdaderamente rentable el tiempo que dedicamos a generar todos esos indicadores, que no son el fenómeno y a menudo no lo representan correctamente? Veamos.

¿De dónde surge esta afirmación “lo que no se puede medir, no se puede gestionar”?

Su origen, hasta donde he podido rastrear, está en una cita de William Pepperell Montague, filósofo estadounidense (1873-1953) de la escuela “nueva realista”:

“De acuerdo con la nueva física, lo que no se puede medir no existe físicamente”

Esto, que parece autoevidente en física (no tengo conocimientos para cuestionarla), sin embargo no es aplicable a las ciencias humanas. Sigue leyendo