La época que estamos viviendo

La época que estamos viviendo no tiene comparación con ninguna otra.
Asistimos a una revolución tecnológica basada en las tecnologías de información y comunicación que ha dado un vuelco de 360º al mundo que antes conocíamos.
Las fronteras, los países, la moneda,  el idioma o la cultura  no son restrictivos para la interacción de las personas. Estamos en una época de apertura.

Los cambios tecnológicos no sólo implican la generación de innovaciones tecnológicas que afectan la disposición económica de las sociedades sino también conducen a la modificación de las estructuras políticas, económicas,  institucionales y administrativas, lo cual nos refleja la emergencia de un nuevo paradigma.  Al transcurso de esta  innovación se le conoce como periodo de globalización.

Anthony Giddens en su libro The Consequences of Modernity,  delimita  este concepto como “La intensificación de las relaciones sociales mundiales que enlazan sitios distantes de forma tal que los sucesos locales están influidos por acontecimientos que ocurren a muchos kilómetros de distancia.” Esta progresiva comunicación e interdependencia  unifica mercados, sociedades y culturas, a través de una serie de transformaciones  que les dan un carácter global.  En esta sociedad en red, las administraciones públicas no pueden quedarse atrás. Muy al contrario, es el momento de liderar estos cambios. Precisamente  es ahora cuando surge con fuerza los conceptos de arquitectura de interoperabilidad y seguridad de manera combinada para alcanzar los estándares de calidad que se persiguen.

La interoperabilidad  debe pensarse desde una perspectiva holista  que integre  la capacidad de los sistemas de información y de los procedimientos a los que éstos dan soporte, de compartir datos y posibilitar el intercambio de información y conocimiento entre ellos. No caben actuaciones puntuales o tratamientos coyunturales y es ahora cuando se presenta como imprescindible para la colaboración, la contribución y la prestación de servicios vinculados  facilitados por las Administraciones públicas. Sigue leyendo

Trinidad Yera, profesora de ISEAD, nombrada Directora General de Políticas Locales en la FEMP

trinidadTrinidad Yera Cuesta, profesora de los Masters de ISEAD ha sido nombrada Directora General de Políticas Locales en la FEMP (Federación Española de Municipios y Provincias) de Madrid.

La Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) es la Asociación de Entidades Locales de ámbito Estatal con mayor implantación, que agrupa Ayuntamientos, Diputaciones, Consejos y Cabildos Insulares, en total 7.331, que representan más del 89% de los Gobiernos Locales Españoles.


Desde ISEAD queremos felicitarla por su nuevo nombramiento.

Responsabilidad social no es Acción Social

yeraEl ciudadano del siglo XXI resulta cada día mucho más exigente, de tal forma que, cuando tiene que llevar a cabo una selección de los productos o servicios que el mercado pone a su disposición, adopta su decisión motivado por toda una serie de nuevos criterios entre los que sin lugar a dudas se encuentran los de la reputación, la imagen social y las políticas éticas y socialmente responsables que llevan a cabo las organizaciones que los ofertan.

De tal modo que, si las organizaciones empresariales, sean de la naturaleza que sea, no actúan bajos criterios de responsabilidad ética, el cliente sensibilizado las deslegitimará socialmente.

Pero la responsabilidad social no debe ser entendida, a la hora de diseñar estratégicamente la responsabilidad, como mera filantropía, pues no se trata de realizar acciones de beneficencia sino en delinear las actuaciones estructurales de la organización de forma que tengan en cuenta los intereses de todos los afectados por ella.

Las empresas además, no deben actuar sólo por obligación social, es decir, cumpliendo solamente las normas impuestas por el Estado, puesto que en los momentos actuales y con la opinión pública presionando las normas, a veces, no son suficientes para realizar acciones empresarialmente responsables.

Hoy nadie duda de que este mundo globalizado e interrelacionado requiere unas normas de conducta que, dentro del libre juego del mercado, minimicen los impactos sociales y medioambientales que la actividad económica de dichas organizaciones conlleva a lo largo y ancho del planeta y se convierta en una brújula que oriente el operar en todos sus procedimientos con el fin de dar cumplimiento a su compromiso. Sigue leyendo

La fuerza del pensamiento positivo… en el trabajo

yeraEn los últimos años, está ganando fuerza el planteamiento de que para los individuos y sus relaciones, tanto en el ámbito personal como en el profesional, las emociones juegan un cometido primordial. Nuestra vida está repleta de acontecimientos que la conforman y, sorprendentemente, desconocemos hasta qué punto nos condicionan. No nos damos cuenta que no son esos acontecimientos los que deciden nuestra vida, sino lo que pensamos y cómo actuamos sobre los mismos. El pensamiento condiciona nuestra acción. Existe una teoría llamada del 90%, que dice, que podemos controlar el 90% de lo que nos ocurre y que el 10% serían esas circunstancias que surgen por sí mismas y no podemos reprimir.

Imaginemos cualquier escena cotidiana: se ve envuelto en un enorme atasco cuando va camino del trabajo. Un conductor despistado hace un brusco viraje delante de su coche y la bebida isotónica que se acaba de abrir le mancha el traje. Además, llega tarde y de un humor terrible. A partir de ahora, el día simplemente va cuesta abajo y no consigue rendir lo suficiente en el trabajo, pues está demostrado que, cuando surgen dificultades, los ánimos se alteran con facilidad y las personas nunca dan lo mejor de sí sino que en cuanto puedan buscarán sabotear y menospreciar los acuerdos tácitos alcanzados. Sigue leyendo

La emotividad bien gestionada, clave para el éxito profesional

Existen muchas investigaciones que exponen que un estado de ánimo, tanto positivo como negativo, afecta al rendimiento y productividad del trabajador, y que el efecto causado por el buen humor es mucho más intenso, creativo e innovador. De hecho, está comprobado que las personas satisfechas con su trabajo son más felices, desarrollan un sentido de pertenencia y son más productivas, pues se sabe que los estados positivos contribuyen a eliminar el estrés y, por tanto, mejorar nuestra salud, aumentan el rendimiento, estimulan la imaginación, favorecen la fluidez de la comunicación, mantienen alta la autoestima, aseguran el optimismo y reducen las ansiedades derivadas de los entornos laborales.

En una sociedad cada vez más informatizada y ‘en red’, los sentimientos siguen condicionando y determinando nuestras acciones. Y es que tenemos muy claro que la inteligencia cognitiva, asociada únicamente a la razón, es necesaria para nuestro éxito profesional pero de lo que no estamos tan seguros es de que la inteligencia emocional, la emotividad bien gestionada, también. No importa que contemos con la mejor tecnología, los mejores proveedores y los mejores clientes si nuestro clima laboral está mal, pues tarde o temprano nuestra organización sufrirá las consecuencias, ya que los estudios reflejan el carácter contagioso de los estados de ánimo a pesar de que las emociones están consideradas como una manifestación íntima. En este sentido, está demostrado que trabajar en un contexto favorecido por el buen humor mejora las relaciones y fomenta la espontaneidad. Muchas personas que realizan su trabajo en un entorno agradable y positivo hacen frente a sus tareas con mayor destreza y habilidad, por lo tanto, resulta interesante prestar atención al grado de felicidad que se respira en nuestras organizaciones, pues, cuando el ánimo es malo los resultados también lo son.

Es evidente que la dirección debe asumir que la atmósfera laboral es una variable a tener en cuenta para el éxito empresarial y, en consecuencia, resulta fundamental que los responsables de la organización aprendan a hacer frente con determinación a aquellas situaciones emocionales complejas que deterioran los procesos productivos y ponen en jaque a la organización.

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Escrito por Trinidad Yera, profesora de Comportamiento Humano en la organización de ISEAD

Publicado en capitalhumano.wke.es

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